Por Jorge Gálvez (Coordinador Nacional del Mov. Soberanistas)
En un guion repetido hasta el cansancio, Estados Unidos vuelve a fabricar un enemigo externo para justificar su injerencia en América Latina. Esta vez, el escenario es el extremo austral de Chile: el Estrecho de Magallanes y el Paso Drake. Washington asegura que la “presencia china” en América Latina representa un riesgo estratégico, pero lo que en realidad está en juego es la soberanía chilena y el intento de profundizar el tutelaje colonial sobre nuestra región y Chile.
El jefe del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom), almirante Alvin Holsey, en la inauguración de la Conferencia Sudamericana de Defensa (Southdec) advirtió sobre el peligro de la penetración en la región por parte de China, poniendo énfasis en la «protección del Estrecho de Magallanes y el Paso Drake» (infodefensa)
El discurso del imperialismo estadounidense no se sostiene en pruebas concretas, sino en un relato que responde a sus necesidades geopolíticas globales. China ha desarrollado cooperación científica, comercial y portuaria en Sudamérica, incluida la logística antártica. Sin embargo, transformarlo en un supuesto riesgo militar es una operación comunicacional cuyo objetivo es preparar a la opinión pública para aceptar mayor control de EE. UU. sobre nuestras aguas.
Las presiones de los EEUU contra la soberanía chilena ya en estos últimos 2 años tienen ya varios episodios. El gobierno de Gabriel Boric suspendió este 2025 el avance de un proyecto astronómico impulsado por China en la Región de Antofagasta Cerro Ventarrones, tras las presiones de los Estados Unidos sobre “posibles implicancias estratégicas de la iniciativa”. En 2023, Sinovac decidió trasladar su millonaria inversión en vacunas a Colombia, tras denunciar un “ambiente inadecuado” en Chile. En abril de 2024, la central hidroeléctrica Rucalhue, de capitales chinos, fue blanco de un atentado incendiario. Las reiteradas presiones de los EEUU para que las empresas chinas no inviertan en la explotación de Litio, etc. Todos actos serviles que muestran la subordinación del Estado chileno a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos.
Lo que Washington busca en este caso es simple, administrar directamente rutas estratégicas que históricamente han sido objeto de su codicia e intereses. El Estrecho de Magallanes, como vía alternativa al Canal de Panamá y para la lógica militar imperial global es demasiado importante como para dejarlo en manos de la soberanía chilena.
El ejemplo del Canal de Panamá es una advertencia reciente. El propio Donald Trump afirmó la necesidad de que Estados Unidos retome un control directo sobre el canal, alegando la creciente influencia de China en la administración y acuerdos de infraestructura firmados por Panamá con Beijing. Bajo el viejo pretexto de “proteger la seguridad del comercio internacional”, Washington busca legitimar nuevamente la posibilidad de apropiarse de una vía interoceánica que es patrimonio de la soberanía panameña, repitiendo un patrón histórico de injerencia y control colonial.
La amenaza contra Venezuela también se hizo evidente hace apenas unos días, cuando Trump ordenó el despliegue de fuerzas navales en el mar Caribe bajo el argumento de combatir el narcotráfico. En la práctica, esta maniobra militar constituyó una demostración de fuerza que se interpretó en la región como una amenaza de invasión directa contra la República Bolivariana. Tal acción confirma que el discurso de “seguridad” y “amenazas externas” es el disfraz que utiliza Washington para justificar operaciones de presión militar e intentar doblegar gobiernos soberanos que se resisten a su dominio.
Chile no puede renunciar a su soberanía ante las presiones de los EEUU
Aceptar el relato estadounidense sobre la supuesta “amenaza china” equivale a renunciar a la independencia de nuestra política exterior. Chile se vería presionado a alinearse con los intereses de Washington, hipotecando su relación con otras potencias y abriendo la puerta a la instalación de mayor presencia militar extranjera en el extremo sur.
Lo que está en juego es la soberanía efectiva de Chile. La historia latinoamericana está marcada por las consecuencias de aceptar sin resistencia los dictados de Estados Unidos: pérdida de autonomía, dependencia económica y subordinación política.
El verdadero peligro no es la cooperación de China en la región, sino la injerencia imperial que intenta disfrazarse de defensa estratégica. Estados Unidos inventa enemigos para mantener el control de territorios que no le pertenecen, y el Estrecho de Magallanes no es la excepción.
Chile no debe permitir que se repita la historia del Canal de Panamá ni el montaje contra Venezuela. La única garantía de paz y desarrollo en el extremo austral es el respeto irrestricto a nuestra soberanía y la defensa de un orden mundial multipolar que supere las cadenas del neocolonialismo.
Un punto coincidente que merece atención es la presencia reiterada de militares israelíes en estas mismas zonas estratégicas del Cono Sur, incluyendo la Patagonia argentina y chilena. Desde hace años se han denunciado visitas y maniobras de personal israelí en territorios próximos a reservas de agua dulce, pasos cordilleranos y áreas cercanas al Atlántico Sur, bajo la cobertura de cooperación en seguridad y entrenamiento. Lejos de ser una coincidencia, esta presencia se ha vuelto un patrón que despierta sospechas sobre los verdaderos intereses de Tel Aviv en una región rica en recursos naturales y con importancia geopolítica global.
La situación se ha intensificado con la llegada de Javier Milei al gobierno argentino, cuyas estrechas alianzas con Israel han facilitado la apertura de puertas para un mayor despliegue militar en el sur del continente. A través de convenios bilaterales en materia de seguridad y defensa, la presencia israelí no solo se ha consolidado, sino que se proyecta como un factor de influencia externo en una región históricamente codiciada por potencias. El reforzamiento de estos vínculos, sumado a la narrativa estadounidense contra China en el Estrecho de Magallanes y el Paso Drake, configura un escenario donde distintas potencias extrarregionales buscan instalar su control sobre espacios que debiesen estar bajo administración plena y soberana de los pueblos latinoamericanos.
