por Jorge Gálvez (Coordinador Nacional del Movimientos Soberanistas de Chile)
La reciente declaración del presidente Donald Trump, anunciando un arancel del 50% al cobre, debe ser interpretada no como una medida aislada, sino como la expresión de una tendencia más profunda en el sistema internacional: el retorno del proteccionismo agresivo por parte de las grandes potencias, acompañado de una ofensiva económica para reorganizar la producción mundial bajo sus propios términos. Dejando claro que su estrategia es disciplinar a las economías periféricas y garantizar que el capital se concentre dentro de sus fronteras.
Para Chile, el anuncio tiene implicancias de enorme gravedad. El cobre constituye cerca de la mitad de nuestras exportaciones y representa una fuente estructural de ingresos para el Estado. Si Estados Unidos impone barreras comerciales tan drásticas, se debilita aún más la ya precaria inserción chilena en los mercados globales, profundamente dependiente de la exportación de materias primas sin valor agregado. Este tipo de decisiones tomadas unilateralmente por el imperialismo estadounidense afectan de manera directa nuestra economía y nos colocan una vez más en la posición de subordinados dentro del sistema-mundo capitalista.
Lo que revela este episodio es la fragilidad del modelo neoliberal chileno administrado por el actual gobierno de Gabriel Boric y los gobiernos que lo antecedieron. Tras décadas de apertura comercial indiscriminada, desregulación, privatización de los recursos estratégicos y firma de tratados de libre comercio que han amarrado nuestra soberanía, Chile se encuentra sin herramientas reales para enfrentar este tipo de agresiones externas. La economía nacional carece de un blindaje estructural porque ha renunciado a construir un camino propio.
En este contexto, se vuelve cada vez más evidente la necesidad de avanzar hacia un Proyecto Político Soberanista, que recupere para el Estado el control de los recursos estratégicos, que promueva la industrialización nacional, y que rompa con la lógica de dependencia respecto a las potencias hegemónicas. Este proyecto no puede realizarse de manera aislada. Requiere tejer una nueva arquitectura de integración con los países del Sur Global, en particular con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, Irán, etc), que ya se han posicionado como un bloque político y económico con vocación multipolar, dispuesto a disputar el orden unipolar dominado por Estados Unidos y sus aliados.
El desafío es político, económico y cultural. Implica descolonizar nuestra manera de pensar el desarrollo, abandonar la fe ciega en el libre comercio, y recuperar una visión nacional-popular del Estado como garante del interés común y no como administrador de los intereses del gran capital. Chile sigue sin Proyecto de Desarrollo Nacional Soberanista y es precisamente esa carencia la que nos condena a la impotencia.
Un nuevo ciclo histórico está en marcha. La crisis del orden neoliberal global es también una oportunidad para que los pueblos retomen el control de su destino. Chile debe estar a la altura del momento, y eso exige abandonar el camino de la dependencia para transitar hacia un proyecto soberanista de desarrollo nacional. La alternativa en este período es entre soberanía o sumisión, entre globalismo neoliberal o Soberanía.
